Dentro
de la nueva cocina se han destacado muchos valores que
la convierten en una cocina a veces de laboratorio ya
que requiere de investigación y en ello intervienen
tanto cocineros como químicos.
Como
ha dado en llamarse es “la cocina de los sentidos”,
con ingredientes como el “nitrógeno líquido”,
las “gelatinas calientes”, las “croquetas líquidas”,
las “espumas”, los “aires” y la deconstrucción;
con todo ello contamos con nuevos elementos dentro de las cocinas
como cocinar dentro de una “cafetera”, los embaces
al vacío, los hornos al vapor o con circulación
de aire, la Thermomix, la Paco-jet, el sifón isi, la Turmix,
y un montón de elementos que años atrás solo
se veían en los laboratorios químicos.
Te comento que en un reportaje hecho a Ferrán Adriá
escuche que dijo que este tipo de cocina originalmente fue llamada
de descomponer platos, pero como el término “descomposición”
sonaba mal para la gastronomía por eso se tomó el
concepto de deconstrucción de la arquitectura, surgido
de un movimiento modernista de los EEUU.
A finales de los 80 surge la deconstrucción en cocina,
o lo que también se llama cocina desestructurada. ¿En
qué consiste esta auténtica revolución culinaria?
¿qué pretende? ¿cuáles son sus objetivos?
Como ampliamente se expone en el libro de Ferrán Adriá
"Los Secretos del Bulli", Editorial Altaya, 1.997, la
clave de la deconstrucción en cocina es modificar el aspecto,
textura y combinación de los distintos alimentos para mejorar
el estímulo sensorial que producen. Y así, la cocina
desestructurada se basa en una desmedida creatividad y pretende,
como último objetivo, hacer participar a todos los sentidos
en el goce gastronómico. En la primera fase, la deconstrucción
incorporó la percepción en la boca de las nuevas
texturas creadas en los alimentos junto a una amplia gama de matices
de temperatura. De este modo, surgen las espumas y gelatinas frías
y calientes, en las que Ferrán Adriá en El Bulli
es un maestro, las gelées, los granizados, los huevos caramelizados,
las croquetas líquidas, etc.
Para
entender lo genial de esta nueva concepción gastronómica,
basta relatar dos de las últimas creacciones de Ferrán
Adriá, en la actualidad probablemente el mejor cocinero
del mundo: la sopa de guisantes a la menta y el carpaccio de crustáceos
que se sirve en su maravilloso restaurante de Cala Montjoi (Roses,
Girona). La sopa de guisantes se sirve en copa y debe tomarse
de un trago largo. Y así, la primera sensación es
el caliente y dulce amargor de la delicada crema de guisantes
que paulatinamente se va templando para ser sustituida por una
sopa de menta que finaliza con un minúsculo granizado,
cuya frialdad y mentolado sabor impregnan la boca. ¿Cabe
mayor contraste de texturas, sabores y temperaturas?. El carpaccio
de crustáceos es otro maravilloso ejemplo de deconstrucción
en la cocina.
Y
es que se trata de modificar las magníficas cigalas mediterráneas
para crear algo nuevo sin que pierdan su sabor marino. Para ello,
se aplastan sus colas peladas entre dos plásticos del mismo
diámetro del plato en que se servirán y se congelan.
Las cabezas de las cigalas se saltean, se prensan entre los dedos
para extraer su esencia y se pasan por un colador. Luego, se ponen
a fuego muy suave con aceite de oliva y se dejan macerar durante
unas horas, se cuelan y reservan.
Se
saltean unas cebollas cortadas en juliana a fuego lento hasta
que estén pochadas, añadiendo pequeñas cantidades
de agua hasta conseguir el punto deseado de cocción. Se
sazonan, pasan por un fino colador y se añade aceite de
cigala hasta conseguir un cremoso puré. Y se presentan
colocando el carpaccio en el plato con la esencia de cigalas cubriendo
la superficie del carpaccio. Y he de decir que, por su textura
y sabor a cigala, este es uno de los mejores crustáceos
sin caparazón que degustarse puedan.
Pese a todo lo descrito, la deconstrucción en cocina aún
ha progresado más incorporando el sonido a las texturas. Y ya tenemos a los cinco sentidos en juego!. Este año
Ferrán Adriá está trabajando intensamente
sus aperitivos para conseguir la máxima plenitud. Y así,
junto a semillas de calabaza garrapiñadas, se sirven palitos
de parmesano, crujientes de pescadito andaluz, fritos de arroz
rellenos de oliva negra y chips de loto. Todos ellos con excepcional
sabor, texturas cambiantes y un crepitar en la boca que deleita
magníficamente nuestros oídos.
cocina Vanguardia,diseñadores de experiencia multisensoriales.
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